miércoles, 19 de agosto de 2009

jueves, 26 de marzo de 2009

Wilma De Cicco.


Nacida en Lanus. Buenos Aires. Argentina.
Docente y Técnica en psicologia aplicada.
Artista. Dibujante.

Dina x IDRADE

Cuando la trajeron hace dos años, no me encontraba en mi domicilio, y mientras retornaba a él, iba pensando en el perrito que me iban a “regalar” pese a mis deseos, pero como era irremediable tal ofrenda... Lo imaginaba de raza. Me habían dicho que se trataba de un foxterrier de pelo duro, esos con
caras rectangulares y cómicas, inteligentes. Abro la puerta y expectante espero el recibimiento alegre de mi nuevo huesped, y cual no sería mi asombro, anque desaliento, cuando veo apoyada contra la pared, un perrito de pelaje negro y corto, con las patitas y hacico color habáno, me miraba como avergonzada de encontrarse ante mí; la llamé y comenzó a venir, arrastrandose con la humildad de los desamparados, luego se sento en el piso y poco a poco fue levantando sus ojos como para ver si el “placer” era concedido. Honradamente despertaba simpatía, tragando saliva le ordeno que vuelva al su lugar y con asombro observo que es bastante descaderada, las patitas traseras torcidas y para colmo un rabo largo que arrastraba en el suelo; con cierto disgusto me fui a dormir. A la mañana siguiente, al despertarme me encuentro con dos ojos que enseguida desvían su trayectoria a la alfombra, lo soslayo y entonces los vuelve hacia mí; pienso que si no es una broma y el destinatario de ese animalejo soy yo, tendría que comenzar a buscarle un nombre apropiado como Humildad, Desolación, etc. Suena el telefono y me confirman lo que tristemente suponía, no era una broma; el foxterrier lo llevó una agraciada dama y a mí me dieron éste, que mi inhapreciable sentido común me decía que era un simple perrito ratonero, ah! y que era perrita. Apechugando y con mucha circunpección le di de comer y mientras lo hacía, razonaba que nuestras relaciones iban a ser extrictamente circunstanciales, hasta tanto le encontraba un nuevo amo menos pretencioso.
Paso una semana, luego otra y a medida que pasaban los días comence a sentir una sensación inexplicable, mezcla de interés y comprensiòn hacia los irracionales; a veces, ya sea en la calle, en el club, en el cine, mi imaginacion se desviaba fragmentariamente hacia ese animalito que esperaba con ansiedad mi regreso para no sentirse tan sóla e incomunicada. Pasó un mes y ya no quedaron dudas de quien sería su dueño. En forma seria me puse a buscarle un nombre, me acordé de el nombre de Dino, acordándome del perro de los famosos Picapiedras de la televisión y la llamé DINA. El día que tomé la resolución de darle un lugar preferencial entre mis amigos, la invité a subir al auto estaba agazapada por temor a que la reprendieran, no osaba levantar su cara arriba de la ventanilla, le animé y entonces así comenzó a mirar con avidez los edificios, vidrieras, gente, y también vió otros vehículos que llevaban congéneres suyos que sacaban la cabeza con mucho garbo y distinción; fue tomando poco a poco confianza, luego en los paseos posteriores y ya afianzada sintiose participe; creo, llegó a comprender que ella, el auto y el dueño formaban una trilogía indisoluble. No quedó parques, paseos, playas (hasta las prohibidas para canes) que no estuviese Dina presente, mis amistades tuvieron que aceptar que cuando me invitaban a alguna reunión, mi presencia estaba condicionada a que ella estuviese también presente. A medida que fueron pasando los días, llegó a ser la niña mimada del edificio y gente vecina.


Dina poseía esa rara condición de que la gente se encariñara de entrada, una ladrona de afectos . Cierta vez en Punta Mogotes , apenas llegó a la playa corrió velozmente hacia el agua con intención de zambullirse y en la creencia que se encontraba de nuevo en su río predilecto, grande fue su disgusto al comprobar que todavía estaba en la jurisdicción de aguas saladas, pero inmediatamente, su gesto, como de costumbre se trocó en mansedumbre cuando un señor muy simpático le prodigó caricias, era el actor italiano Alberto Sordi. Al volver a Rosario lo primero que hice fue llevarla al Paraná, para demostrarle que el agua dulce no se había acabado, disfrutó lo indecible, corrió tanto y se metió tantas veces en el agua que se olvido de comer el asado que estaba preparando con un grupo de amigos y del que ella sería principal vedette.
Hace una semana comenzó a sentirse mal, y ante el pesimismo del veterinario, acepte la idea de su desaparición, estacioné el automóvil como de costumbre frente a la puerta y la llamé, apenas se arrastraba, entonces la tomé en mis brazos y solícitamente la acomode en el asiento, mi idea era llevarla a la vera del río, donde tantos momentos gratos pasamos, más intuyendo que el tiempo apremiaba, la lleve a un parque más cercano, allí sobre las barrancas, la apoyé suavemente sobre el cesped bastardo como ella, pero limpio de cizañas, quiso levantarse pero no pudo, la ayude a sostenerse en sus patitas chuecas, aspiró la suave fragancia de la tarde octubrina, miró a lo lejos como queriendo retener el gran río, me lamió las manos y expiró. Mientras procedía a enterrarla allí mísmo, bajo un añoso ciprés, me vino a la memoria un episodio que me había ocurrido hacía treinta años en el colegio Nacional de Monserrat de la ciudad de Córdoba; una mañana al ingresar al referido colegio encontré muy apesadumbrado al viejo portero, al preguntarle que le andaba pasando, me contesto: hijo, ha muerto mi perro y mientras me dirigía al aula me relataba detalles de su fiel amigo, no sin antes repetirme una frase de Antole France...”no se ama verdaderamente, sino cuando se ama sin razón y sin motivo”.
Idrade

Serie Homenajes: 001- Moises


Profeta y legislador de Israel cuyas acciones están descritas en el libro del Éxodo (siglo xiii a. C.?). Sin embargo, dicho libro del Antiguo Testamento está escrito en un registro literario y simbólico que deja en la penumbra la figura histórica de Moisés, rodeándola de milagros, prodigios y leyendas; e incluso existen dudas sobre la existencia real de Moisés, que podría ser un mito.
La estatua de Moisés de Miguel Ángel
De haber existido, Moisés sería un personaje de origen desconocido, criado en la corte de los faraones (su nombre es egipcio y la leyenda habla de un niño abandonado y salvado de las aguas del Nilo). Parece ser que, hacia 1230 o 1250 a. C., Moisés se retiró a meditar al Sinaí, donde creyó recibir un mensaje divino que le ordenaba liberar a los judíos refugiados en Egipto y sometidos a duras condiciones de cautiverio. Consiguió unificar a varios clanes hebreos partidarios de regresar a Palestina e iniciar con ellos un largo viaje hacia la «Tierra Prometida», huyendo de la persecución del faraón egipcio
Ramsés II.
Durante la travesía, Moisés dijo haber recibido varias revelaciones directamente de Dios, con las que dio forma a la religión judía: una alianza entre el único Dios (Yahvé) y el pueblo hebreo, que en adelante se mantendría fiel al monoteísmo fundado por Abraham; y un conjunto de leyes que incluían el culto del «Arca de la Alianza», la instauración del clero y diez mandamientos de orden moral y religioso.
Moisés rompe las tablas de la ley (ilustración de G. Doré)
El relato bíblico habla de la deslealtad del pueblo hacia su Dios, que éste castigó haciéndole vagar por el desierto durante cuarenta años, refiriéndose probablemente al periodo de vida nómada al que se vieron obligados los hebreos en el sur de Palestina, mientras iban penetrando progresivamente en el territorio ocupado entonces por los cananeos y asentándose en pueblos sedentarios. Moisés, anciano ya cuando salieron de Egipto, moriría sin haber visto la Tierra Prometida, cuya conquista está representada en la Biblia por Josué

Serie Homenajes: 02- Sigmund Freud



Sigismund Schlomo Freud (Freiberg, 6 de mayo de 1856 - Londres, 23 de septiembre de 1939), más conocido como Sigmund Freud fue un médico y neurólogo austriaco, creador del psicoanálisis.
Comenzó su carrera interesándose por la
hipnosis y su uso para tratar a enfermos mentales. Más tarde, aunque mantuvo en la terapia varios aspectos de esta técnica, reemplazó la hipnosis por la asociación libre y el análisis de los sueños, para desarrollar lo que, actualmente, se conoce como «la cura del habla». Todo esto se convirtió en punto de partida del psicoanálisis.
Freud se interesó especialmente en lo que entonces se llamaba
histeria (hoy en día trastorno de conversión según el DSM-IV) y en la neurosis (actualmente esta clasificación fue descartada por la psiquiatría y aparece en la nosología psicoanalítica reclasificada bajo distintas denominaciones: afecciones psicosomáticas, neurosis y psicosis).
Las teorías de Sigmund Freud y el tratamiento que daba a sus pacientes causaron un gran revuelo en la
Viena del s. XIX y el debate sobre las mismas continúa en la época actual. Sus ideas son a menudo discutidas y criticadas, y muchos consideran su obra como más bien perteneciente al campo del pensamiento y de la cultura en general. Además, existe un amplio debate sobre si el psicoanálisis y los tratamientos asociados a él pertenecen al ámbito de la ciencia.
La división de opiniones sobre Freud se puede resumir de este modo: por un lado, sus seguidores más convencidos le consideran un gran científico de la medicina que descubrió importantes verdades sobre la psicología humana; y por otro, sus críticos lo ven como un
filósofo que replanteó la naturaleza humana y nos ayudó a derribar tabúes, pero cuyas teorías, como ciencia, fallan en un examen riguroso.